CAPÍTULO IX ¿Qué representa la fortuna en Ifá?

Hay quienes pasan la vida entera buscando la fortuna.
La buscan afuera. En lo que brilla. En aquello que el mundo suele llamar éxito.
Pero la fortuna verdadera rara vez hace ruido.
A veces llega en silencio.
Y otras veces ya habita en la vida de una persona… aunque ella misma todavía no sea capaz de reconocerla.
En Ifá, la fortuna no es un golpe de suerte ni una recompensa vacía que aparece y desaparece sin explicación.
La fortuna es una construcción.
Algo que se cultiva.
Algo que se sostiene con el tiempo.
Por eso la verdadera fortuna no depende únicamente de lo que una persona posee, sino del equilibrio que logra construir entre lo que tiene, lo que puede y lo que sabe.
Tener no significa solamente acumular bienes materiales.
También es tener salud.
Tener paz.
Tener estabilidad en la mente y serenidad en el corazón.
Porque existen personas rodeadas de riqueza que viven atormentadas por dentro, incapaces de disfrutar aquello que poseen.
Poder tampoco significa dominar a otros.
El verdadero poder comienza cuando una persona aprende a dominarse a sí misma.
Cuando logra levantarse después de caer.
Cuando resiste incluso en medio del cansancio y la dificultad.
Cuando aprende a decir no en el momento necesario y comprende que la firmeza también es una forma de sabiduría.
Y saber no consiste únicamente en repetir palabras o acumular conocimientos vacíos.
Saber es entender la vida.
Es comprender cuándo actuar, cuándo esperar y cuándo guardar silencio.
Es aprender a agradecer incluso aquello que parecía pequeño, porque quien no valora lo esencial jamás podrá sostener lo grande.
Cuando estas tres fuerzas logran alinearse, la fortuna comienza a manifestarse.
Y lo más importante:
permanece.
Porque existen cosas que llegan rápidamente, pero desaparecen con la misma velocidad con la que aparecieron.
La fortuna verdadera es distinta.
No huye.
No se desvanece con facilidad.
Se asienta.
Crece.
Echa raíces dentro de la vida de quien ha aprendido a construirla correctamente.
Pero ese camino no se abre solo.
La fortuna encuentra espacio allí donde existe respeto, conciencia y sacrificio verdadero.
Por eso quien aprende a vivir de esta manera deja de perseguir desesperadamente la fortuna y comienza, poco a poco, a convertirse en ella.
Porque la fortuna no es únicamente algo que se tiene.
Es también algo que se es.
Muchos pasan la vida persiguiendo dinero, creyendo que allí se encuentra toda riqueza.
Sin embargo, existen tesoros que jamás podrán comprarse.
La paz.
La salud.
La claridad mental.
Un hogar en equilibrio.
Una conciencia tranquila.
Y muchas veces esas riquezas invisibles terminan siendo las más valiosas de todas.
Por eso hay personas que poseen mucho y aun así viven vacías.
Y otras que, teniendo poco, viven con plenitud.
Todo depende de la manera en que se camina por la vida.
De la manera en que se piensa.
Y de la manera en que se vive.
Ifá enseña que la existencia está en constante transformación.
Nada permanece inmóvil para siempre.
Lo que hoy pesa puede mañana convertirse en fortaleza.
Lo que hoy parece una dificultad puede terminar abriendo un nuevo camino.
Todo puede transformarse cuando el ser humano aprende a actuar con conciencia, corrige a tiempo y acepta las enseñanzas que la vida le entrega.
Quien comprende esto deja de desesperarse.
Y comienza a construir.
Paso a paso.
Con paciencia.
Con firmeza.
Porque entiende que aquello que es verdadero suele tardar…
pero cuando finalmente llega…
permanece.



