CAPÍTULO II Los caminos invisibles

Aunque la tierra había nacido y los mares comenzaban a encontrar sus límites, la creación todavía no estaba completa.
Porque crear el mundo no era suficiente.
También era necesario enseñar a quienes habrían de caminar sobre él.
Por eso Olodumare permitió que las enseñanzas de los Orishas permanecieran vivas en la naturaleza, escondidas en aquellos lugares donde el espíritu humano todavía puede escuchar sin ruido.
Hablan en el canto de los árboles cuando el viento atraviesa sus ramas.
Hablan en el movimiento antiguo del mar y en el silencio extraño que antecede a las tormentas.
La creación no quedó detenida en el principio de los tiempos.
Continúa ocurriendo incluso ahora, para quien ha aprendido a observar con verdadera atención.
Eso es Ifá.
No únicamente un sistema de adivinación ni una tradición espiritual transmitida de generación en generación.
Ifá es, sobre todo, una forma de comprender el equilibrio de la existencia.
Una sabiduría que enseña que incluso aquello que parece más puro puede extraviarse cuando olvida la humildad.
Porque la soberbia rara vez se presenta mostrando oscuridad.
Muchas veces se disfraza de claridad, de talento o de aparente grandeza.
Mientras tanto, la humildad trabaja en silencio, sin necesidad de anunciarse, construyendo lentamente aquello que permanece.
Por eso Ifá recuerda algo esencial:
siempre existe la posibilidad de volver a empezar.
La vida puede reorganizarse.
Los caminos pueden abrirse nuevamente.
El destino puede levantarse incluso después de haber caído.
El antiguo refrán de Otura Ojuani lo expresa con sencillez:
“Viajeros del cielo
y de la tierra,
al final del camino
se encuentran.”
No importa cuánto corran los seres humanos ni cuánto logren acumular a lo largo de la vida.
Tarde o temprano todos regresan al origen.
Y cuando llegue ese momento, nadie será recordado únicamente por aquello que mostró hacia afuera, sino por la luz que fue capaz de sostener dentro de sí mismo.
Por eso la enseñanza insiste:
“No dejes camino por vereda.”
El camino correcto rara vez es el más fácil.
Muchas veces es más largo, más silencioso y más difícil de comprender.
Pero también es el único capaz de conducir a la verdadera plenitud.
Quizá hoy, más que nunca, el mundo necesita recordar que toda creación verdadera comienza con humildad.
Porque quienes vengan después caminarán sobre aquello que decidamos construir hoy.




