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CAPÍTULO III ¿Quién es Eshú?

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CAPÍTULO III
¿Quién es Eshú?
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Soy Francisco Moreira Argüelles, Babalawo y autor independiente. Comparto enseñanzas, reflexiones y contenido basado en el camino de Ifá, con el objetivo de ayudar a comprender la vida desde una perspectiva espiritual clara y aplicable, facilitando la toma de decisiones con mayor conciencia. Mi objetivo es plasmar mis estudios y transmitirlos de forma clara y accesible, acercando la sabiduría de Ifá a personas que no están familiarizadas con esta cultura. Escribo desde la experiencia, no desde la teoría. Proyecto: “Yo solo soy el aprendiz”.

Antes de que existieran los caminos, antes de que el ser humano pronunciara su primer juramento o tomara la primera decisión de su historia, Eshú ya observaba.

Estaba allí antes de la primera lágrima, antes del primer error y también antes del primer acierto.

Pero Eshú no era una amenaza, ni la figura oscura que muchos imaginaron al intentar explicar aquello que no comprendían.

En la tradición de Ifá, Eshú representa una presencia esencial:

el guardián de las sendas.

El mensajero que camina entre el cielo y la tierra, entre aquello que deseamos y aquello que verdaderamente nos corresponde vivir.

Su existencia no simboliza peligro.

Simboliza consecuencia.

Porque nada ocurre sin dejar huella.

Cada palabra, cada acto y cada decisión generan un movimiento invisible que termina construyendo aquello que llamamos destino.

Por eso se dice que Olodumare, en su infinita sabiduría, envió primero a Eshú para custodiar los caminos, incluso antes de que los Orishas ocuparan su lugar en el mundo.

Sin caminos abiertos:

  • ni el viento encuentra dirección,

  • ni el agua logra alcanzar el mar,

  • ni una palabra consigue tocar verdaderamente el corazón de otro ser humano.

Eshú no gobierna la vida, pero permanece presente en cada cruce importante.

Observa. Registra. Equilibra.

Habita en ese instante silencioso en el que una persona debe elegir:

  • entre el amor y el egoísmo,

  • entre la verdad y la ilusión,

  • entre el camino que construye y aquel que termina destruyendo.

Y aquí aparece una de las enseñanzas más profundas de Ifá:

la vida no es un accidente.

Es una danza constante entre libertad y responsabilidad.

Cada decisión deja un eco.

Y ese eco permanece.

Muchas veces creemos que ser libres significa hacer únicamente aquello que deseamos.

Sin embargo, Eshú enseña algo distinto:

La verdadera libertad no consiste en actuar sin pensar, sino en elegir con conciencia.

Porque toda elección deja una marca.

Y las marcas que dejamos en el tiempo terminan convirtiéndose en caminos.

Si una persona observa su vida con honestidad, descubrirá cuántas veces habló sin medir el peso de sus palabras, actuó desde el impulso o tomó decisiones sin detenerse a escuchar aquello que su conciencia intentaba advertirle.

Es precisamente en esos momentos donde la presencia de Eshú se vuelve más profunda.

No para castigar.

No para premiar.

Sino para mostrar.

Eshú refleja a cada ser humano a través de sus propias decisiones.

Por eso, en lugar de buscar culpables fuera de nosotros, Ifá invita a mirar hacia adentro.

Porque llega un momento en el que comprendemos que nuestros caminos nos pertenecen y que toda decisión tiene consecuencias.

Aceptar eso no es una condena.

Es poder.

Es reconocer que incluso en medio de la oscuridad seguimos conservando algo sagrado:

la capacidad de elegir quiénes vamos a ser.

El sabio no huye de las decisiones ni teme las encrucijadas.

Las honra.

Comprende que en cada elección está construyendo lentamente su destino y también su carácter.

Así como el sol no discute con el cielo y cada amanecer sigue el orden invisible que sostiene el universo, también la vida humana encuentra equilibrio cuando aprende a caminar en armonía con las leyes profundas del espíritu.

No se trata de obedecer por miedo.

Se trata de comprender.

Comprender que existe un orden, una inteligencia silenciosa que sostiene todas las cosas y que, cuando caminamos en armonía con ella, la vida comienza a fluir de otra manera.

Eshú recuerda constantemente esa verdad.

Recuerda que cada día trae consigo la posibilidad de abrir caminos invisibles:

  • mediante una palabra consciente,

  • una decisión honesta,

  • o un acto nacido del respeto y no del ego.

Porque al final, aquello que define el destino de una persona no es únicamente el tamaño de sus acciones, sino la intención y la conciencia con las que decide actuar.

El refrán del Odu Oshe Tura lo expresa con claridad:

“Obatalá le da la orden al sol de elevarse, y este no puede rebelarse.”

El sol, aun poseyendo su inmenso poder, no rompe el equilibrio del universo.

No se desvía de su propósito ni lucha contra el orden que le da sentido.

Simplemente se eleva, ilumina y cumple aquello para lo que fue creado.

Y tal vez ahí se encuentre una de las enseñanzas más profundas de Ifá.

La verdadera libertad no consiste en romper la armonía, sino en elegir caminar conscientemente dentro de ella.

Cuando una persona aprende a escuchar antes de actuar, cuando deja de culpar a otros y comienza a asumir la responsabilidad de sus propias decisiones, algo cambia en su vida.

Los caminos empiezan a abrirse.

La existencia responde de otra manera.

Y entonces comprende algo que siempre estuvo frente a sus ojos:

Eshú nunca estuvo en contra. Siempre estuvo enseñando.

Siempre estuvo mostrando.

Siempre estuvo esperando que despertáramos.

Por eso el caminante sabio no teme las encrucijadas.

Las respeta.

Porque sabe que en esos momentos silenciosos habita una parte esencial de su poder.

Todos hemos sentido alguna vez ese instante previo a una decisión importante.

Ese breve silencio antes de hablar.

Ese momento íntimo en el que algo dentro de nosotros pregunta:

¿Este es realmente el camino correcto?

Ahí está Eshú.

Observando.

Recordándonos que el destino no aparece de repente ni desciende terminado desde el cielo.

El destino se construye.

Paso a paso.

Decisión tras decisión.

Hasta que un día, casi sin darnos cuenta, terminamos convirtiéndonos en aquello que elegimos alimentar dentro de nosotros mismos.

Yo Solo Soy el Aprendiz

Part 11 of 14

Una serie que recoge pensamientos, notas y reflexiones nacidas del estudio y la práctica dentro del camino de Ifá. Lejos de plantearse como enseñanza o doctrina, estos textos surgen como registro de un proceso interno: comprensión, cuestionamiento y evolución espiritual a lo largo del tiempo. “Yo solo soy el aprendiz” es una obra en desarrollo, donde cada palabra responde a la necesidad de ordenar, interpretar y dar forma a lo vivido, desde el respeto a la tradición y la honestidad del que sigue buscando.

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