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CAPÍTULO XI ¿ Quiénes son Ogun y Oshosi ?

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CAPÍTULO XI
¿ Quiénes son Ogun y Oshosi ?
F
Soy Francisco Moreira Argüelles, Babalawo y autor independiente. Comparto enseñanzas, reflexiones y contenido basado en el camino de Ifá, con el objetivo de ayudar a comprender la vida desde una perspectiva espiritual clara y aplicable, facilitando la toma de decisiones con mayor conciencia. Mi objetivo es plasmar mis estudios y transmitirlos de forma clara y accesible, acercando la sabiduría de Ifá a personas que no están familiarizadas con esta cultura. Escribo desde la experiencia, no desde la teoría. Proyecto: “Yo solo soy el aprendiz”.

Existen fuerzas que no fueron creadas para caminar separadas.

Fuerzas distintas en esencia, pero unidas por un mismo propósito.

Así son Ogun y Oshosi.

Dos energías diferentes que, al encontrarse, revelan una de las enseñanzas más profundas de Ifá:

la fuerza necesita dirección…

y la dirección necesita acción.

Ogun representa el impulso que rompe los límites.

Es el hierro que transforma.

La herramienta que construye.

El fuego que moldea aquello que parecía imposible cambiar.

Es la energía que avanza incluso cuando el camino todavía no existe.

Por eso Ogun simboliza el trabajo, la resistencia y la capacidad de levantarse una y otra vez frente a la dificultad.

Es el machete que abre senderos en medio de la maleza.

La voluntad que no retrocede.

La fuerza que empuja al ser humano a seguir adelante aun cuando el cansancio pesa sobre el cuerpo y la mente.

Pero incluso la fuerza más poderosa puede perderse cuando no encuentra dirección.

Y es precisamente allí donde aparece Oshosi.

Oshosi representa la precisión.

La claridad.

La mirada silenciosa que observa antes de actuar.

Es el cazador que no dispara por impulso.

El que sabe esperar.

El que comprende que no toda batalla se gana corriendo hacia adelante.

Porque muchas veces la verdadera sabiduría consiste en saber cuándo avanzar… y cuándo detenerse.

Oshosi observa aquello que otros no logran percibir.

Ve detalles invisibles.

Comprende señales que muchos ignoran.

Y por eso su energía enseña paciencia, conciencia y visión.

Cuando Ogun y Oshosi se unen, nace el equilibrio.

La unión entre fuerza y dirección.

Porque no basta únicamente con tener poder.

También es necesario comprender cómo utilizarlo.

No basta con querer avanzar.

Es necesario saber hacia dónde se dirige el camino.

La acción sin conciencia termina convirtiéndose en desgaste.

Y la intención sin movimiento termina perdiéndose en pensamientos que nunca llegan a convertirse en realidad.

Ogun enseña al ser humano a trabajar, resistir y luchar.

Pero también recuerda que la fuerza sin control puede destruir aquello que intenta proteger.

Oshosi enseña a observar, comprender y pensar antes de actuar.

Pero también advierte que pensar demasiado puede paralizar el destino de una persona.

Por eso el equilibrio entre ambas fuerzas resulta esencial.

Movimiento…

y claridad.

Determinación…

y conciencia.

Impulso…

y visión.

Cuando estas energías logran alinearse, el camino comienza a fortalecerse.

Los obstáculos dejan de parecer imposibles.

Las decisiones adquieren precisión.

Y el avance encuentra finalmente un propósito verdadero.

Ogun acompaña al ser humano cuando necesita romper límites, levantarse después de caer o encontrar fuerzas para continuar.

Oshosi aparece cuando hace falta claridad para comprender, elegir correctamente y reconocer la dirección adecuada.

Uno entrega impulso.

El otro entrega visión.

Y juntos enseñan que la vida no consiste únicamente en avanzar desesperadamente.

Consiste en avanzar con sentido.

Construir sin destruir.

Actuar sin perder la conciencia.

Caminar con fuerza…

pero también con claridad.

Porque quien comprende la enseñanza de Ogun y Oshosi deja de moverse sin rumbo.

Y comienza finalmente a caminar con intención.

Con firmeza.

Con equilibrio.

Y con verdadera visión del destino.

Yo Solo Soy el Aprendiz

Part 3 of 14

Una serie que recoge pensamientos, notas y reflexiones nacidas del estudio y la práctica dentro del camino de Ifá. Lejos de plantearse como enseñanza o doctrina, estos textos surgen como registro de un proceso interno: comprensión, cuestionamiento y evolución espiritual a lo largo del tiempo. “Yo solo soy el aprendiz” es una obra en desarrollo, donde cada palabra responde a la necesidad de ordenar, interpretar y dar forma a lo vivido, desde el respeto a la tradición y la honestidad del que sigue buscando.

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