Skip to main content

Command Palette

Search for a command to run...

La creación según Ifá

Published
5 min read
La creación según Ifá

Hubo un tiempo…
en el que nada tenía forma.

No existían los caminos,
ni los ríos,
ni los árboles que hoy susurran con el viento.

El tiempo mismo parecía dormido.

El espacio era un silencio profundo,
una extensión sin nombre,
sin montañas,
sin mares,
sin la huella del ser humano.

Todo…
descansaba en una calma inmensa.

Y en ese silencio primordial,
Olodumare,
el Supremo Creador,
observó el vacío.

No lo miró con prisa.

No intentó llenarlo de inmediato.

Porque la verdadera creación
no nace del apuro.

Nace de la contemplación.

Olodumare pensó…

y cuando el Creador piensa,
el universo escucha.

En ese pensamiento
nació una intención:

dar forma a la vida.

Convertir el silencio en mundo.
Transformar el vacío en hogar.

Para esa tarea sagrada,
Olodumare llamó a uno de los Orishas más respetados.

Obatala.

El anciano de la túnica blanca.

El espíritu de la pureza.

El que camina
con la calma de la montaña
y la serenidad de las estrellas.

A Obatala
le fue confiada una misión extraordinaria:

preparar la tierra
donde la vida podría florecer.

Para ello,
Olodumare colocó en sus manos
los elementos esenciales.

Le entregó arena sagrada.

Le entregó una gallina de cinco dedos.

Le entregó el caracol
que guarda el aliento de la vida.

Y la hoja del árbol eterno.

Cada uno de estos elementos
contenía un significado profundo.

Porque en Ifá,
nada ocurre sin sentido.

Todo responde a un orden.

Pero antes de descender
desde el reino celestial
hacia el mundo aún vacío,

había una condición.

Una sola.

Realizar Ebó.

Y aquí es donde comienza la enseñanza.

Porque muchas veces pensamos
que el Ebó es solo una ofrenda material.

Pero su verdadero significado
es mucho más profundo.

Ebó es equilibrio.

Ebó es conciencia.

Ebó es humildad.

Es el acto de reconocer
que incluso quien tiene luz
debe respetar el orden invisible
que sostiene la existencia.

A veces el Ebó es visible.

Pero muchas veces
es interno.

Es callar el orgullo.

Es escuchar antes de actuar.

Es entender
que la sabiduría
siempre está por encima de la prisa.

Obatala escuchó la instrucción.

Pero dentro de sí
surgió un pensamiento.

Pequeño…
pero decisivo.

“Mi intención es pura”, pensó.

“Mi luz es clara.

¿No será suficiente eso
para cumplir la misión?”

Y en ese instante…
sin darse cuenta…

dejó a un lado el Ebó.

No por maldad.

No por rebeldía.

Sino por confianza en sí mismo.

Pero el universo
funciona con leyes profundas.

Y cuando esas leyes se ignoran,
los caminos pueden cerrarse.

Obatala descendió.

Pero al intentar avanzar…

los senderos no se abrieron.

La claridad
comenzó a desvanecerse.

Los caminos
se volvieron confusos.

Porque en los cruces invisibles del destino
existe un guardián.

Eshu.

El mensajero entre los mundos.

El espíritu que abre
y cierra los caminos.

Eshu observó lo ocurrido.

Y sin el Ebó…

los caminos permanecieron cerrados.

Obatala tropezó.

Se perdió.

Y la creación quedó suspendida
entre el querer
y el poder.

Esto no fue un castigo.

Fue una enseñanza.

Una enseñanza que sigue viva
hasta hoy.

Porque en nuestra vida
ocurre lo mismo.

Tenemos talento.

Tenemos intención.

Tenemos deseos de hacer el bien.

Pero incluso la intención más noble
pierde fuerza
cuando olvidamos la humildad.

¿Cuántas veces creemos
que con nuestras capacidades basta?

¿Cuántas veces actuamos
sin escuchar?

¿Cuántas veces el orgullo
decide por nosotros?

Ifá nos recuerda algo esencial:

No basta con tener bendición.

También hay que respetar
el equilibrio.

Obatala no fue rechazado.

Fue enseñado.

Y esa enseñanza
quedó como guía
para todos nosotros.

Entonces,
Olodumare,
en su infinita compasión,
llamó a otro Orisha.

Oduduwa.

Oduduwa escuchó.

Reflexionó.

Consultó.

Y realizó su Ebó.

No por miedo.

Sino por sabiduría.

Luego descendió.

Y cuando la arena tocó el vacío,
la gallina comenzó a escarbar.

Sus patas
dieron forma a la tierra.

Y donde antes no había nada…

nacieron los valles,
las montañas,
los ríos,
los mares.

Así nació la Tierra.

No desde la arrogancia.

Sino desde la humildad.

No desde la prisa.

Sino desde el respeto.

Desde entonces,
cada Ebó en nuestra vida
es una semilla invisible.

Puede ser paciencia.

Puede ser humildad.

Puede ser escuchar
antes de actuar.

Y esos actos
abren caminos.

Caminos que no siempre vemos,
pero que transforman nuestro destino.

Porque los verdaderos triunfadores
no son los más rápidos.

Ni los más fuertes.

Son los que comprenden
el ritmo de la vida.

Olodumare, satisfecho,
envió a los Orishas.

Fuerzas vivas de la naturaleza.

Guardianes del río,
del viento,
del fuego,
del bosque,
de la sabiduría
y de la justicia.

Y hasta hoy…

su enseñanza sigue hablándonos.

En el canto de los árboles.

En el sonido del mar.

En el silencio
antes de una tormenta.

La creación no terminó.

Sigue viva.

Para quien sabe observar.

Esto es Ifá.

Una sabiduría que enseña
que incluso el más puro
puede extraviarse
si olvida la humildad.

Una sabiduría que muestra
que la soberbia
a veces se disfraza de luz.

Mientras la humildad, en silencio,
construye mundos.

Ifá también nos recuerda algo poderoso:

Siempre es posible volver a empezar.

Reordenar la vida.

Abrir caminos.

Levantar el destino.

Dice el refrán de Otura Ojuani:

“Viajeros del cielo
y de la tierra,
al final del camino
se encuentran.”

No importa cuánto corramos.

No importa cuánto logremos.

Todos, tarde o temprano,
regresamos al origen.

Y no seremos recordados
por cuánto brillamos afuera…

sino por la luz
que encendimos dentro.

Por eso la enseñanza dice:

No dejes camino
por vereda.

El camino correcto
puede ser más largo.

Más silencioso.

Pero es el único
que conduce
a la verdadera plenitud.

Y quizás hoy más que nunca…

el mundo necesita recordar
que toda creación verdadera
comienza con humildad.

Porque los que vienen después
caminarán
sobre lo que decidamos construir hoy.