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Mi visión sobre Ofún Nagbe El Numbat bajo los elementos de Tierra y Fuego

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Mi visión sobre Ofún Nagbe
El Numbat bajo los elementos de Tierra y Fuego

En Ofún Nagbe, Ifá conduce la mirada hacia aquello que sostiene la vida sin reclamar atención. No hacia lo evidente, sino hacia lo indispensable. Enseña que la existencia se organiza desde procesos silenciosos: el cuerpo, los fluidos, la cabeza, la digestión de lo vivido, la gestación de lo que aún no tiene forma. Todo lo que nace en este Odù ocurre lejos del ruido y de la exhibición, en espacios donde nadie aplaude, pero de los que depende absolutamente todo. Cuando ese orden se altera, la vida no irrumpe de inmediato; primero advierte, luego pesa y, si no se corrige, termina pasando factura.

La Tierra se expresa aquí como fundamento vivo. No como suelo que se pisa, sino como cuerpo que siente, procesa y recuerda. En Ofún nacen los fluidos que sostienen la vida: la saliva, la sangre, el semen, la menstruación, los jugos que permiten digerir y transformar. Por eso este Odù habla de fertilidad y también de enfermedad; de firmeza y de decadencia. Ifá recuerda que no hay espíritu que se sostenga sin un cuerpo atendido, ni destino que avance cuando la base está descuidada. Aquí nace Ori como centro de dirección, y con él la responsabilidad de cuidar la cabeza antes de exigirle claridad.

Pero Ofún Nagbe no es solo Tierra. En su composición arde Ogbe, el Fuego. No el fuego descontrolado que arrasa, sino el que impulsa a decidir, a reaccionar, a enfrentar. Este Fuego no invita a la violencia, sino a la conciencia. Advierte que toda fuerza mal administrada se vuelve contra quien la ejerce. Por eso este Odù habla de guerras familiares, de conflictos entre hermanos, de luchas provocadas por orgullo, deseo o falta de dominio. El Fuego aquí exige estrategia, medida y silencio oportuno; quien no gobierna su reacción termina incendiando su propio camino.

Para revelar esta enseñanza, Ifá presenta al numbat como tótem oracular. Un ser pequeño, discreto, ajeno a la lógica del dominio. El numbat nace sin marsupio; sus crías llegan al mundo frágiles y se aferran directamente al cuerpo de la madre durante meses. No hay atajos en su desarrollo ni independencia prematura. La vida comienza sostenida, y solo cuando el tiempo lo permite, se avanza. Ifá muestra que respetar el proceso es una forma profunda de sabiduría.

El numbat cava la tierra con paciencia, se resguarda, observa. Posee garras firmes para abrir camino y una lengua precisa para alimentarse de lo necesario. No desafía a sus depredadores; aprende a convivir con el riesgo sin provocarlo. Su fortaleza no está en imponerse, sino en conocer sus límites. Así enseña Ifá que adaptarse no es rendirse, sino comprender el entorno y actuar con inteligencia. Hay batallas que se ganan evitando el combate y vidas que se preservan gracias a la prudencia.

En Ofún Nagbe, la Tierra sostiene y el Fuego impulsa, pero ninguno existe para dominar al otro. Cuando el impulso supera a la base, la vida se quema; cuando la base se estanca sin dirección, la vida se marchita. Este Odù recuerda que la ética no es discurso, sino consecuencia. Que la mala conducta pesa más que cualquier enemigo externo. Que el daño hecho a los hijos, a la pareja o a los mayores no desaparece: se hereda. Nada ocurre por azar; todo responde a un desequilibrio previo.

Ifá enseña aquí que comprender es un acto de poder silencioso. No el poder que se impone, sino el que ordena. Comprender los propios límites, aceptar la responsabilidad de los actos, reconocer cuándo una lucha no debe librarse. Quien aprende esto no vive libre de conflictos, pero evita la autodestrucción. Porque cuando la Tierra está atendida y el Fuego tiene medida, la vida encuentra su cauce.

Yo solo soy El Aprendiz…
y voy entendiendo que no todo lo que resiste es fuerte, ni todo lo que avanza progresa. Voy aprendiendo que la vida no pide velocidad, sino coherencia; no pide imponerse, sino sostenerse. Comprendo que gobernarme es más urgente que vencer, y que la paz no llega cuando todo está resuelto, sino cuando lo esencial ocupa su lugar. Entiendo que Ifá no promete caminos fáciles, pero sí caminos duraderos, y que la verdadera grandeza —como la del numbat— no hace ruido, pero permanece.

Yo solo soy El Aprendiz…
Oluwo Otura Ojuani — Awo Ifá Oma
Iboru Iboya Iboshishe — Moforíbalẹ̀ Ifá