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Los Misterios de Ifá: La Sabiduría Ancestral de la Creación

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4 min read
Los Misterios de Ifá: La Sabiduría Ancestral de la Creación

La Creación según Ifá.

En el principio, cuando el tiempo no era aún más que un susurro, y el espacio dormía dentro del pensamiento divino,
Olódùmarè —el Supremo Creador— contempló el vacío, y deseó plantar vida donde solo existía el silencio.

Para esta tarea sagrada, llamó a su siervo más puro: Obatalá, el anciano de la luz blanca,
el que camina con la quietud de la montaña y la paciencia de las estrellas.

Le entregó los elementos esenciales: arena sagrada, la gallina de cinco dedos, el caracol de la vida,
y la hoja del iroko eterno.

Pero antes de descender, Obatalá debía cumplir una condición: ofrecer Èbó.
Un acto de sacrificio no solo material —pues el Èbó no es siempre animal—
sino también de intención: una ofrenda del orgullo, una reverencia al orden invisible que sostiene el universo.

Obatalá, confiado en su pureza, pensó en su corazón:
“¿No bastará mi luz para abrir los caminos?”
Y en ese susurro de autosuficiencia, cerró la llave que abría el destino.

Sin Èbó, descendió al mundo primitivo.
Pero Èṣù, el eterno guardián, cerró los senderos invisibles.
Obatalá tropezó, se perdió, y su obra quedó suspendida entre el querer y el no poder.

Así, la enseñanza eterna nació, viva y palpitante:
No basta tener la bendición.
No basta querer hacer el bien.
Sin humildad, sin respeto por el equilibrio de las fuerzas invisibles, hasta los más grandes caen.

¿Cuántos de nosotros, en el mundo moderno, hemos creído que nuestro talento o nuestras intenciones serían suficientes?
¿Cuántos proyectos, amores, sueños naufragaron por olvidar el Èbó del alma: la consulta sabia, la paciencia sagrada, el respeto por los ritmos invisibles?

Obatalá no fue castigado. Fue enseñado.
Y su enseñanza sigue resonando hasta hoy.

Viendo el error, Olódùmarè, en su infinita compasión, llamó entonces a Odùdùwà.
Odùdùwà consultó, escuchó el consejo, hizo su Èbó,
no por miedo, sino por amor a la sabiduría.

Entonces descendió, y donde vertió la arena, la gallina batió sus patas,
y así nacieron los valles, las montañas, los ríos, los mares.
Donde antes había vacío, nació la Tierra: fértil, hermosa, destinada a ser hogar de los espíritus viajeros.

Cada Èbó que hacemos en la vida —sea un sacrificio de paciencia,
de renuncia al orgullo, de respeto silencioso— es una semilla que abre caminos invisibles.

Los triunfadores no son los más rápidos ni los más fuertes,
sino los que entienden que todo acto grande requiere permiso del alma del mundo.

Olódùmarè, satisfecho, envió a los Òrìṣà: manifestaciones vivas de su fuerza,
para cuidar los ríos, el fuego, los bosques, el viento, la sabiduría, la justicia.

Hasta hoy, los Òrìṣà susurran su enseñanza:
en el canto de los árboles,
en el rugido del mar,
en el silencio que precede a una tormenta.

La creación sigue viva, para quien sepa ver.

Filosofía viva, psicología profunda, motivación real:
Filosofía: Sin respeto por el orden divino, hasta el más puro se extravía.
Psicología: La soberbia se disfraza de luz; la humildad construye mundos.
Motivación: Todo ser humano puede, con el sacrificio correcto, recrear su vida, abrir sus propios caminos, levantar su destino.

Refrán de Otura Ojuani:
“Viajeros del cielo y de la tierra, al final de la jornada se encuentran.”

Interpretación profética:
No importa cuánto corramos, cuánto logremos, todos, tarde o temprano, regresamos al origen.
Y seremos medidos no por cuánto brillamos afuera, sino por cuánta luz encendimos adentro.

Así nació la Tierra:
no de la arrogancia, sino de la humildad.
No de la prisa, sino del respeto.

Así también puede nacer tu nueva vida, lector:
no conquistando a otros, sino conquistando tu propia alma.

No dejes camino por vereda.
El sendero correcto —aunque largo y a veces solitario— es el único que lleva a la verdadera plenitud.

Hoy, más que nunca,
el mundo necesita caminantes que recuerden
que la creación comienza con un acto de humildad,
y que los viajeros del futuro dependen de las semillas que plantemos ahora.


🌿 Invitación final

Este capítulo forma parte del libro “Los Misterios de Ifá: La Sabiduría Ancestral de la Creación”.
Si estas palabras tocaron tu espíritu, te invito a seguir el camino completo en mi sitio:
👉 eshumiwa.com

Yo solo soy el Aprendiz.
Iboru Iboya Iboshishe.

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El aprendiz

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Francisco Moreira Argüelles, “El Aprendiz”, masón e iniciado en Osha e Ifá. Su misión: aprender siempre y compartir con humildad la sabiduría ancestral en un lenguaje universal.