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Mi visión sobre Oshe Meyi

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El Misterio del Dinero

La vida es un río de elecciones invisibles. Cada decisión abre un sendero en nuestra mente y cada sendero nos empuja hacia un destino distinto. El dinero forma parte de ese río. No es dueño de la vida ni verdugo de los hombres: es un espejo. En él se refleja la gratitud del sabio o la codicia del imprudente.

Por eso, hablar de dinero no es hablar de monedas ni de billetes, sino de conciencia. El dinero revela lo que ya habita en el corazón. Esta es la antigua enseñanza de cómo descendió del Cielo a la Tierra y lo que vino a recordarnos.

Yo solo soy El Aprendiz, y en mi caminar he descubierto que las historias antiguas respiran dentro de nosotros. Nos recuerdan que todo poder, incluso el dinero, solo encuentra sentido cuando lo guiamos con propósito.

La historia

Dicen los antiguos que hubo un tiempo en que el dinero no conocía la Tierra. Vivía en el Cielo, brillante e inútil, como estrella que nadie mira. Allí no servía de nada: el aire era libre, el sol no cobraba por arder, y el agua corría sin precio. El dinero era un rey sin reino, un reflejo sin sentido.

Cansado de ser inútil, buscó consejo. Y la voz de la sabiduría le dijo:

“Si deseas bajar a la Tierra,

aprende a ser útil sin destruir.

Acepta alimento.

Acepta sacrificio.

Solo lo que se cuida… sobrevive.”

El dinero obedeció. Se vistió de respeto y descendió como relámpago ardiente. Cuando tocó el suelo, el mundo se estremeció. Los hombres lo recibieron: unos con gratitud, otros con codicia. Ese día comenzó una nueva historia para la humanidad.

Entonces el dinero habló con voz de trueno:

“Nadie destruye lo que ha sido alimentado con cuidado.

No me maten como a los otros.

Porque yo les he dado mi comida.

Si me honran, abriré caminos.

Si me maltratan, los arrastraré a la ruina.”

La sabiduría ancestral nos dice

El dinero no tiene alma propia: es agua en un cántaro. Puede calmar la sed, regar la semilla y dar vida; pero también puede arrasar si no se sabe conducir.

No se le maldice, no se le adora. Es espejo del corazón humano. En manos sabias multiplica, en manos imprudentes esclaviza. Los antiguos enseñaban que lo que se alimenta con respeto florece y lo que se maltrata se vuelve enemigo. Así ocurre con el dinero: no es dueño de nadie, pero se convierte en amo de quien lo teme o lo idolatra.

El secreto no está en tener mucho o poco, sino en usarlo como herramienta de vida. Cuando se usa para sembrar, crece. Cuando se usa para destruir, se pudre. La medida no es la cantidad, sino la intención y el propósito.

De esa sabiduría nació un dicho que aún resuena:

“El que sabe esperar, que vengan los vendavales.”

No habla solo de paciencia: habla de raíces. La vida trae tormentas: crisis, pérdidas, escasez. Quien corre desesperado se quiebra, pero quien resiste con calma recoge la cosecha más dulce.

El dinero también vive en ciclos. A veces fluye como río generoso; otras se esconde como manantial seco. El sabio no se desespera en la escasez ni se embriaga en la abundancia. Ajusta sus velas, no rompe su timón, y espera el momento justo para sembrar de nuevo. Porque ningún viento es eterno, y quien sabe esperar convierte la tormenta en cosecha.

Yo solo soy El Aprendiz, y he aprendido que el dinero es energía al servicio de la vida, siempre que la mano que lo guía tenga propósito. Cuando llegan los vientos fuertes, ajusto velas, protejo la semilla y dejo que la tormenta pase. Porque la abundancia que busco no es ruido ni escaparate: es claridad de conciencia y caminos abiertos.

Si debo elegir entre miedo y propósito, elijo propósito. Y si he de esperar, que vengan los vendavales. Yo cuidaré el fuego hasta que la vida me dé la señal de sembrar de nuevo.

Y si quieres seguir caminando conmigo en estas enseñanzas, te invito a mi espacio: eshumiwa.com, donde comparto más visiones, más historias y más semillas para el alma.

Iboru, Iboya, Iboshishe.

Awo Ifá Oma.

Moforibale Ifá.

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El aprendiz

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Francisco Moreira Argüelles, “El Aprendiz”, masón e iniciado en Osha e Ifá. Su misión: aprender siempre y compartir con humildad la sabiduría ancestral en un lenguaje universal.